sábado, 27 de junio de 2026

Jaulas para mensajes


Un anuncio tiene padres inciertos. Éste, colgado de una fachada en una de las calles más transitadas de Madrid, lo es de la costumbre ancestral del sector de hacer anuncios para un público concreto y acabar abriendo el mensaje para que quepa todo el mundo, incluidos aquellos que no tienen ningún interés en comprar lo que se les quiere vender. Y acaso haciendo el mensaje irrelevante -de tan genérico- para los que sí. Publicar una carta -no breve- en una lona del tamaño de un edificio es más un símbolo que un acto práctico dado que nadie sensato espera hoy que alguien vaya a leerla. Menos aún el anunciante, que ha impreso antes 38 palabras explicando todo aquello que hace innecesario seguir leyendo trescientas más. ¿Para qué entonces llenar todo ese espacio con algo pensado para no ser leído en medio de una calle? El titular es meramente un truco sensacionalista –“lo que nadie quiere que leas”- y la imagen de fondo, algo clásicamente pensado para no aportar nada, para no significar nada. También habría ayudado saber que en primavera, cuando se cuelga esa lona, el árbol de la izquierda impide ver qué es exactamente lo que se imprime. El mensaje clave es el que aparece arriba a la derecha. En el anuncio hay así dos víctimas enjauladas, y una es el mensaje.